El sábado por la mañana fuimos a una farmacia a comprar el test de embarazo, para salir de dudas, una vez delante del farmacéutico ella no se atrevió a pedirlo, pero yo lo pedí con decisión.
Una vez tuvimos “la rana” fuimos a casa, pero al llegar no hicimos la prueba, nos pusimos a hacer otras cosas, limpiar, hacer la comida, comer,...
Después de una siesta y mientras yo fregaba los platos mi mujer vino a la cocina y me dijo si hacíamos la prueba. Yo le dije que me daba un poco de miedo, por un lado me hacia muchísima, pero muchísima ilusión, pero si no lo estaba, las ilusiones que nos habíamos hecho al traste.
Ella pensaba lo mismo, pero de perdidos al rió, fuimos al baño, los dos y ella lleno un vaso de orina, los dos a la vez pusimos el test en la orina y salimos corriendo del lavabo.
Yo tenia una corazonada, los dos estuvimos esperando cinco minutos que se hicieron eternos, en esos minutos hablamos de lo nerviosos que estábamos.
Al pasar los cinco minutos nos acercamos cogidos de la mano, pero ninguno de los dos se atrevía abrir la puerta, como si detrás de ella nos esperara la muerte, avancé la mano para coger el pomo de la puerta, y los dos metimos la cabeza. Allí no nos esperaba la muerte, sino la vida. La frase fue Dos rallas, cogimos las instrucciones para confirmar lo que estábamos viendo, Estábamos embarazados.